miércoles, 21 de enero de 2009

Sellos del ayuntamiento de Rivas del Jarama

(Sello constitucional de Rivas del Jarama y Vaciamadrid en 1875, vigente desde 1843)
( En Archivo Histórico Nacional,SIGIL-TINTA_MADRID,11,N.136)


(Carta del alcalde Fausto Serrano)

(Sello del juzgado municipal de Rivas del Jarama a partir de 1875)

(Carta del juez de paz donde indica el sello del juzgado entre 1863 y 1875)

El portal de los archivos españoles, PARES, continúa con su labor de digitalización de los fondos documentales custodiados por la administración del estado.

Mediante la consulta en la página electrónica del citado portal ya he reproducido documentos referidos al Catastro de Ensenada o al árbol genealógico de los Duques de Rivas Saavedra. Ahora se pueden contemplar los sellos del ayuntamiento y del juzgado de paz de Rivas del Jarama en 1875.

Parece ser que, el alcalde, llamado Fausto Serrano, requerido por el gobernador de la provincia, tuvo que remitir el sello utilizado por la corporación, indicando su origen. Según nos indica en la carta, dicho sello venía utilizándose desde 1843.

Y el mismo caso es el del juez de paz, Francisco Esteban, que relata como hubo un primer sello, válido entre 1863 y 1875, sustituido por otro nuevo, en el que se han complicado los detalles de la cartela con el escudo, y de la cinta que lo rodea.

Recordemos que en 1875 terminaba el Sexenio Revolucionario y la República Ducal del general Serrano, con la vuelta de un monarca Borbón, en la figura de Alfonso XII. Es de suponer que cuando se remite este oficio (el 25 de noviembre de ese año) ya se había puesto en marcha el mecanismo de Restauración monárquica y el control de los símbolos en las instituciones públicas, eliminando cualquier vestigio del régimen político anterior.

Con este ejemplo, y otros muchos que me han sido de gran utilidad para otros trabajos, creo que hay que agradecer al Ministerio de Cultura la labor realizada en la digitalización de fondos de la Biblioteca Nacional y de los archivos estatales. Y pido excusas por no seguir el trámite de petición de fondos documentales para su reproducción pública, pero creo que la utilidad de su conocimiento y la no utilización con otros fines que no sean los divulgativos, podrán disculparme.

Por último, os recomiendo un artículo sobre la ampliación del Archivo Histórico Nacional, que ahora cuenta con unos cuarenta kilómetros lineales de estanterías, y ya se ha quedado pequeño.

sábado, 10 de enero de 2009

El puente colgado de Arganda en Rivas-Vaciamadrid

(Antiguo puente colgado de Arganda. Archivo Histórico de Arganda del Rey)

(Límite del término municipal de Rivas-Vaciamadrid, parte superior, y Arganda del Rey)


Aunque el puente de hierro que cruza el río Jarama es conocido como Puente de Arganda, lo cierto es que se encuentra dentro del término municipal de Rivas-Vaciamadrid, tal y como se recoge en la página oficial de la Comunidad o el en mapa topográfico editado por el Servicio de Cartografía Regional. Y comento esto, porque creo que muchos ripenses desconocen esta circunstancia y no porque me mueva ningún ánimo de reivindicar un cambio de denominación para este monumento histórico-artístico.

Con esta entrada, además, pretendo dar a conocer brevemente la historia de los puentes que precedieron al que ahora podemos ver. Se trataría de un puente de piedra, que comenzó a construirse durante el reinado de Fernando VII, y de otro, llamado “Puente colgado de Arganda”, que sería sustituido por el actual.

Según nos cuenta Agustín Sánchez Millán en Rivas Vaciamadrid, mi pueblo, (páginas 86-88) los proyectos para la construcción de un puente estable sobre el Jarama, que sustituyera a la “barca de Arganda”, se remontarían a mediados del siglo XVIII, con arquitectos tan importantes como Juan de Villanueva o Mateo Castillo y Gómez. Pero hubo que esperar hasta 1818, año en que se inicia la construcción de un puente de madera, comenzando la obra el 3 de agosto y concluyéndose el 22 de noviembre . La vida de esta infraestructura no fue muy larga, puesto que en 1843 sería sustituido por una estructura de hierro, ubicada aguas arriba, en el sitio donde se encuentra el que podemos ver hoy en día.

Pero como ya avisaban los cronistas de esta época, estos pasos sólo eran viables en invierno o en época de estío, volviéndose muy peligrosos en tiempo de crecidas, otoño y primavera. Por eso, se comenzó la construcción de un puente colgado. Éste, según las descripciones sería el “…puente de Arganda en Vacia-Madrid, en dicha carretera de las Cabrillas, es de tres tramos: el central tiene 212 pies de longitud, y los laterales 177, lo que hace una longitud de 566 pies; se concluyó en 1843…”(Guía del Viajero en España). Por otras versiones, sabemos que tenía pilares de piedra y una bielas o apoyos giratorios de fundición para sostener los cables. El resto era de madera.

Este último extremo parece que fue decisivo en el derrumbamiento de diciembre de 1858, concurriendo circunstancias muy dramáticas, puesto que el desplome se llevó al agua a varias personas , que fueron rescatadas, tras cuatro horas de operaciones, por un tal Esteban Fernández, alias Oreja, jornalero de Arganda, tal y como recoge La Gaceta del Notariado Español, en un artículo cuya lectura os recomiendo, por las características del suceso que describe.

El caso es que se sucedieron las pruebas para reconstruir la estructura, volviendo a poner maderas en lugar de los tirantes de hierro. La obra se encargó al ingeniero Eugenio Barrón, en 1860, efectuándose las pruebas pertinentes, aunque una riada, a fines de ese año, hizo que se volviera a a derrumbar (según nos informa El Clamor Público). Al año siguiente, 1862, la estructura pareció resistir. De esta última prueba nos queda una descripción muy detallada en la revista de obras públicas.

Sin embargo, el puente no era muy de fiar. Así, en 1887 se nos habla de la rotura de una vigueta y la caida de un carro, con mercancía y caballerías al agua. En esta noticia, se nos indica, además, que debían sustituirse las antiguas vigas por otras nuevas, mientras se construía el puente totalmente en hierro. A finales del siglo XIX la vieja aspiración de un paso fiable sobre el río Jarama se estaba haciendo realidad: el ferrocarril circulaba por un largo puente metálico y, Jarama abajo, peatones y carruajes lo harían por otro, que parecía resistir las crecidas del río y los avatares del transporte entre Madrid y Valencia.